CAPÍTULO III – TERRITORIO
CAPÍTULO III – TERRITORIO

CAPÍTULO III – TERRITORIO

Tu casa no es casa.
Es un refugio a medias, un campo de batalla silencioso donde vas dejando migajas de tu vida rota.
Yo entro detrás de ti y huelo todo.

El desorden, la culpa, la prisa, la resignación.

Cada olor es una grieta.
Y cada grieta me obliga a adaptarme.

Tú llamas “hogar” a cuatro paredes que nunca habitas del todo.

Una casa impecable. Moderna o no. Da igual.
Vas de una habitación a otra como quien escapa de sí mismo.
Y yo, que vivo de mapas claros, tengo que orientarme en ese laberinto emocional.

Un día dices que el sofá es territorio prohibido.
Al siguiente, te tiras sobre él con la misma energía que usas para rendirte y me llamas para que suba.
Luego te arrepientes, te enfadas, te contradices.
Y pretendes que yo entienda normas que ni tú respetas cinco minutos seguidos.

Te altera que ladre cuando alguien se acerca a la puerta.
Pero ¿cómo quieres que no defienda, si tú no sabes qué te pertenece y qué no?
El territorio no es «los metros cuadrados».
Es coherencia.
Y tú hace tiempo que no pisas una idea firme.

Cuando llega un desconocido, yo miro tu postura.
Ahí debería encontrar referencia.
Pero encuentro vacío.


No sé si protegerte, si recibir con calma, si retroceder, si acercarme.
Así que hago lo único que puede hacer un animal cuando su guía está ausente por dentro. Asumo el mando, aunque no quiera.

Luego me culpas.

Crees que soy “dominante”, “ansioso”, “reactivo”.
No.
Estoy intentando dibujar límites en un terreno que tú has dejado sin vallas.
Estoy marcando porque tú no marcas nada.
Estoy vigilando porque tú no vigilas ni tus propias sombras.
Estoy alerta porque tú vives en modo supervivencia incluso cuando estás sentado frente a la televisión.

Tus emociones cambian de dirección como un viento enfermo, y yo, tengo que ajustar mi brújula cada vez que entras por la puerta con un humor distinto.
Si ladro más, no es porque tú hablas menos.
Si vigilo más, es porque tú abandonas más partes de tu vida cada día.
Si me tenso, es porque tú ya te has tensado mucho antes sin admitirlo.

No necesitas que yo sea “tu chico”.
Necesitas a alguien que no se desmorone.

Me miras con esa mezcla de ternura y dependencia que dan los humanos cuando ya no confían en sí mismos.
Quieres que yo calme tu mundo.
Pero yo no puedo sostener territorios que tú abandonas.
No puedo poner orden en rincones donde tú solo dejas cansancio.

Cuando tú no sabes dónde estás, yo tampoco.
Cuando cambias normas según tu estado emocional, yo aprendo solo caos.
Cuando tratas la casa como un almacén de tus frustraciones, yo la percibo como un espacio inestable.
Y un espacio inestable me obliga a comportarme como un perro en alerta permanente.

No es carácter.
Es supervivencia.

Tú quieres que yo viva tranquilo.
Entonces empieza por ocupar tu propio territorio.
Ocúpalo con tu cuerpo presente, no con tu ansiedad desbordada.
Ocúpalo con coherencia, no con improvisación emocional.
Ocúpalo con decisiones que duren más de una tarde.

Yo puedo ser parte de tu hogar.
Pero no puedo ser el pilar que lo sostenga mientras tú sigues huyendo dentro de él.

tu perro

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos y para mostrarte publicidad relacionada con sus preferencias en base a un perfil elaborado a partir de tus hábitos de navegación. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Leer más
Privacidad
Call Now Button