Porque el perro no encuentra ese “botón de apagado”
Porque el perro no encuentra ese “botón de apagado”

Porque el perro no encuentra ese “botón de apagado”

Perro muy nervioso + hipervigilancia = cuando el mundo es demasiado para él

Un perro nervioso no es un perro desobediente. Su cerebro procesa estímulos demasiado rápido y no consigue autorregularse. Cuando entra en hipervigilancia, permanece en alerta incluso en entornos seguros, interpretando cada ruido o movimiento como una señal de amenaza. No es mala conducta; es agotamiento emocional.

Hay perros que no descansan nunca. No porque “sean inquietos”, sino porque no pueden. Su sistema nervioso vive como si el mundo tuviera siempre el volumen al máximo.

Muchos dueños lo describen así
“Está bien… pero siempre va demasiado alerta, muy nervioso”.
O ese clásico: “No para quieto, pero no sé por qué”. No es desobediencia. No es “mal comportamiento”. Es agotamiento emocional. Nerviosismo no es lo mismo que mala educación – es sobrecarga. Un perro nervioso no es un perro rebelde. Es un perro cuyo cerebro trabaja a un ritmo que él mismo no sabe regular.

Cuando el perro no encuentra ese “botón de apagado”, ocurren tres cosas

  • Todo estímulo entra con demasiada fuerza
  • Un ruido, un movimiento, una sombra, una puerta… todo se procesa como si importara demasiado.
  • Su cuerpo actúa antes que su cabeza
  • Saltos, ladridos, carreras repentinas, incapacidad para estar quieto…
  • No es energía, es descarga.
  • La calma no llega ni aunque no ocurra nada
  • Descansa, pero no descansa.
  • Duerme, pero no desconecta.

No es desobediencia, es un cerebro cansado

Este tipo de perros están sobrecargados. Y entonces aparece la hipervigilancia – La hipervigilancia es lo mismo, pero elevado a otra escala. Es vivir en “modo antena”.

  • Oído siempre encendido
  • Cabeza que gira ante cualquier micro-ruido
  • Mirada que patrulla sin parar
  • Cuerpo rígido
  • Reacciones más rápidas que el pensamiento

Su sistema nervioso no sabe bajar a modo reposo. La hipervigilancia convierte cada pequeño estímulo en una micro-alerta.
Y vivir así, todo el día, desgasta más que cualquier paseo largo. No es desobediencia, es un cerebro cansado Estos perros no necesitan más órdenes, ni más control, ni más correcciones.
Necesitan ser entendidos. Si pides autocontrol a un perro que no tiene herramientas internas para regularse, es como pedir calma a alguien en pánico: imposible.

Dejar de exigir calma… para enseñar cómo se construye la calma. No trata solo de “educación”, solo “adiestramiento”. Es un proceso de regulación emocional. Ni cuando tratas de apagar sus respuestas. Ni cuando intentas corregir sus nervios. Para eso hay que entender – que el no elige estar así; que está atrapado ahí; y que solo necesita a alguien que le enseñe a salir.

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