Programa educativo con dinámicas para prevenir mordidas, fomentar empatía y mejorar la convivencia en escuelas y comunidades.
SERÉ LO QUE ME ENSEÑES – Convivencia segura niños y perros
Programa educativo para colegios, AMPAS y entidades — Convivencia segura entre niños y perros
“Seré lo que me enseñes” es un programa formativo diseñado para transformar la relación entre niños, perros y comunidad. Parte de una premisa sencilla – si un niño comprende lo que un perro siente, aprende también a comprender a otros niños.
El curso combina teoría, práctica y dinámicas adaptadas por edades (Infantil, Primaria y Secundaria), en sesiones de 3 horas que unen educación emocional, seguridad y bienestar animal. Este enfoque no solo previene incidentes con perro sino que se enseña a los niños a convivir con respeto, calma y empatía dentro y fuera del aula.
SERÉ LO QUE ME ENSEÑES
Qué ofrece nuestro programa
Cuidar, comprender y convivir con un perro – Empatía, responsabilidad y bienestar animal
Aprender a interactuar con perros no se trata solo de normas, sino de enseñar a niños a respetar animales a través del ejemplo. Cuando los niños comprenden cómo se siente un perro, cuándo necesita espacio y cómo comunicarse con él, se reduce drásticamente la probabilidad de accidentes. Además, este aprendizaje refuerza valores como responsabilidad, paciencia y cuidado hacia los demás seres vivos. Aprenderán qué siente un perro y cómo se expresa, cómo cuidarlo de forma responsable, cómo acercarse, tocarlo o demostrar cariño con seguridad, cómo presentar un perro en un hogar con niños, normas básicas de convivencia cuando el perro vive dentro de la familia.
El objetivo no es “dar normas”, sino sembrar una base emocional sólida – cuando un niño entiende a un perro, aprende a respetarlo.
Este módulo incluye además un manual digital para el profesorado
- pautas para introducir un perro en casa,
- rutinas seguras para niños y mascotas,
- actividades dirigidas para reforzar lo aprendido en clase.
Lenguaje canino y prevención de mordeduras – Leer señales, anticipar riesgos, actuar con calma
Este módulo enseña una habilidad que los niños comprenden con sorprendente rapidez: leer el lenguaje corporal del perro antes de que ocurra un incidente. A identificar señales de estrés, miedo, juego, incomodidad o calma; qué hacer ante un perro desconocido; cómo acercarse correctamente a un perro en la calle o en un parque; cómo actuar ante un perro excitado, asustado o reactivo; cómo evitar los errores más comunes que generan mordidas.
La prevención no ocurre en el momento del peligro, ocurre antes, leyendo lo que el perro está diciendo sin palabras.
Este módulo conecta con algo esencial en etología – los perros no atacan “de repente”.
Siempre avisan. Cuando los niños aprenden a verlo, la convivencia se vuelve segura, natural y respetuosa.
Convivencia emocional entre niños – Prevenir el acoso a través del comportamiento canino
Lo que los perros y los lobos enseñan sobre respeto, jerarquía sana y cohesión del grupo Aquí es donde el programa se convierte en algo excepcional.
Los niños descubren que los perros y los lobos gestionan los conflictos de forma anticipada, silenciosa y sorprendentemente madura. Aprenden que una “manada” solo funciona cuando cada miembro respeta el espacio del otro, regula su energía y protege a quien es más vulnerable.
Este módulo muestra a los niños cómo detectar señales de tensión en otros niños igual que las detectan en un perro; cómo evitar situaciones de acoso mediante respeto y lectura de emociones; cómo reconocer cuándo un compañero necesita espacio o apoyo, cómo calmar el ambiente antes de que el conflicto estalle, cómo fortalecer la cohesión del grupo como haría una manada sana.
Cuando un niño comprende a un perro, puede comprender la vida interior de los demás.
Dinámicas para transformar energía acumulada, frustración e impulsividad en comportamientos sanos
Recurso exclusivo para el profesorado
Este módulo incluye también un recurso exclusivo para el profesorado – un conjunto de dinámicas y ejercicios que permiten canalizar la energía acumulada, la frustración y la impulsividad infantil hacia comportamientos más sanos.
No se trata de apagar conflictos, sino de redirigirlos, tal y como lo hace un líder equilibrado en una manada.
Este material —incluido en el manual digital— ofrece a los docentes un conjunto de dinámicas prácticas que combinan psicología infantil, juegos tradicionales, técnicas de redirección emocional y principios observados en manadas de perros y lobos.
Su propósito no es “apagar” el conflicto, sino canalizarlo, reconducirlo con la naturalidad con la que un perro equilibrado transforma tensión en calma mediante lenguaje corporal, distancia y autocontrol.
Hoy los niños llevan vidas muy distintas a las de hace 20 o 30 años. No juegan en la calle, no trepan árboles, no corren durante horas, y su desarrollo emocional está condicionado por pantallas rápidas, atención fragmentada y relaciones más superficiales. Por eso necesitan herramientas de gestión emocional que antes se aprendían solos, fuera, jugando.
Este recurso devuelve al aula esa sabiduría del juego antiguo, pero adaptada a 2025.
Por qué este recurso es tan potente
Devuelve a los niños habilidades sociales que antes se adquirían en la calle.
Enseña autocontrol sin castigos, solo con redirección.
Respeta la forma natural que tiene el cerebro infantil de aprender: imitación + juego + movimiento.
Les ofrece un modelo de liderazgo sano basado en la etología – el que cuida, no el que domina.
Permite que el profesorado gestione conflictos sin confrontación directa.
Fortalece la cohesión del grupo igual que en una manada equilibrada.
Beneficios para escuelas, familias y comunidades
Programas educativos niños y mascotas adaptados a cada franja de edad.
Reducción de incidentes y mordidas gracias a la prevención y comprensión del comportamiento canino.
Integración del bienestar animal en el proyecto educativo del centro.
Niños capaces de leer emociones y anticipar conflictos.
Prevención real del acoso escolar mediante educación emocional práctica.
Construcción de vínculos más seguros, responsables y respetuosos.
Cómo traer SERÉ LO QUE ME ENSEÑES a tu localidad/centro
Este programa es ideal para colegios, AMPAS, ayuntamientos y entidades comprometidas con la educación en bienestar animal. Con él, los niños aprenderán a leer el lenguaje corporal de perros, interactuar con seguridad y desarrollar vínculos responsables que duran toda la vida.
Nuestro programa es educación con impacto real. Enseñamos empatía a través del cuidado de mascotas, que no solo protege a los niños, también construye comunidades más seguras y respetuosas.
Para más información o colaboración institucional, puede solicitar información del programa. (Dossier y memoria disponible bajo solicitud oficial a andaluciacanina@gmail.com).
Preguntas frecuentes sobre SERÉ LO QUE ME ENSEÑES (Convivencia segura niños y perros)
Sí. Precisamente porque los niños más pequeños son quienes más imitan sin comprender, este programa está diseñado para enseñar desde la calma, el juego y la observación. No trabajamos desde el miedo, sino desde la curiosidad. La seguridad no nace de prohibir, sino de enseñar a interpretar lo que un perro comunica. Cuando un niño entiende un gesto sencillo —una oreja hacia atrás, un bostezo, un cuerpo rígido— ya evita situaciones que los adultos a veces pasan por alto.
No es imprescindible. La mayor parte del aprendizaje se construye sobre imágenes, dinámicas, ejemplos guiados y lenguaje corporal humano adaptado.
La presencia de un perro puede añadirse solo cuando el centro lo permita y el grupo esté preparado.
Un niño que aprende a leer el cuerpo de un perro con calma, aprende también a leer el suyo propio. Ese es el verdadero propósito.
Como un buen maestro adapta el cuento y la lección.
Para infantil trabajamos emociones, distancias y el “cómo me acerco”. En primaria profundizamos en lenguaje canino y prevención. En secundaria vamos un paso más allá: responsabilidad, convivencia ciudadana y reflexiones sobre bienestar animal.
La enseñanza es la misma, pero la mirada cambia con cada etapa.
Porque los niños conviven con perros todos los días – en casa, en parques, en patios, en los pasillos del barrio o de camino al colegio. Y la convivencia segura no se improvisa; se construye igual que la educación vial o la educación emocional: paso a paso, con claridad y con ejemplo.
Cuando un niño aprende a entender cómo se siente un perro —cuándo está cómodo, cuándo necesita espacio, cuándo está inseguro— está aprendiendo algo más grande que “unas normas”. Está aprendiendo a leer emociones que no se dicen con palabras. Ese aprendizaje se traslada directamente a la convivencia entre niños.
El mismo niño que sabe cuándo un perro necesita distancia, reconoce cuándo un compañero está incómodo.
El mismo niño que comprende las señales de calma en un perro, aprende a frenar antes de escalar un conflicto en clase.
Y el que entiende que un perro vulnerable necesita protección… entiende que un compañero vulnerable también necesita apoyo, no burla.
La prevención de mordidas es solo el primer beneficio.
El segundo —el más profundo— es la empatía, y el tercero, quizás el más necesario hoy, es la prevención del acoso escolar. Porque un niño que sabe leer emociones, respetar espacios y anticipar tensiones… es un niño menos impulsivo, menos agresivo y más capaz de proteger, no de herir.
La complementa y la potencia.
No es un “curso externo” que interrumpe el trabajo del aula, es una herramienta que ayuda al docente a gestionar energía, conflictos y convivencia con más recursos y menos desgaste.
Un profesor no puede vigilar cada interacción entre niños, pero sí puede crear un clima donde los propios niños aprenden a regularse.
Este programa actúa justo ahí, donde la intervención adulta no llega.
Más del que parece. Lo que los niños aprenden aquí —límites, respeto al espacio ajeno, anticipación de conflictos, autocontrol, empatía— son exactamente los pilares que previenen el acoso escolar. Es un curso sobre perros, si… que termina ayudando a construir aulas más silenciosas, recreos más calmados, grupos más cohesionados y niños que entienden que la fuerza está en la convivencia, no en la superioridad.
Un perro puede educar con su presencia – nosotros solo ayudamos a traducir su lenguaje.
Porque antes de explicar normas, mostramos cómo funciona la energía en la naturaleza. Un perro equilibrado no confunde potencia con violencia, ni movimiento con caos. Cuando un perro corre, juega o se activa, lo hace desde una energía clara, reconocible y —sobre todo— regulada. La agresión no nace del exceso de fuerza, sino de la falta de control sobre ella. Esa es la lección que un niño comprende sin necesidad de palabras. Enseñamos que la energía es movimiento; la agresión es intención.
Un perro puede ser rápido, intenso, poderoso… y aun así mantenerse dentro de un marco de respeto hacia su grupo. Un lobo puede mostrar dientes sin querer dañar, solo para regular el espacio. Un perro puede frenar su impulso en un milisegundo si la situación lo requiere. Esa capacidad de autocontrol instantáneo es lo que los niños aprenden observando, no escuchando. Por tanto: La fuerza sin dirección es ruido, pero la fuerza guiada es comunicación. El impulso se puede frenar si existe conciencia corporal. El cuerpo habla antes que la boca, igual que en los perros. Un niño que aprende a leer tensión, calma, cesiones, distancias y señales de apaciguamiento en un perro… empieza a reconocer esas mismas señales en otros niños.
Y cuando reconoce la emoción, la impulsividad ya no toma el control. El peligro no está en la energía, sino en no saber administrarla.
Un perro enseña con el ejemplo que uno puede ser intenso sin ser dañino, firme sin ser violento, fuerte sin ser abusivo.
Ese modelo —silencioso, coherente y natural— es exactamente lo que los niños imitan.
Y aquí ocurre algo crucial – cuando un niño ve autocontrol, reproduce autocontrol; cuando ve regulación emocional, regula la suya. Por eso este programa no teme la energía infantil – la canaliza, igual que lo hace un líder de manada. Y cuando un niño empieza a regular su propia fuerza… la agresión deja de ser una opción.
Sí, y sorprendentemente rápido.
Los perros expresan emociones de forma honesta y visible. Ellos no fingen, no manipulan, no esconden. Esa transparencia ayuda al niño a entrenar un músculo que hoy casi nadie les enseña – la lectura emocional, la capacidad de interpretar microseñales, ritmos y estados internos. Una vez que lo aprenden con un perro, pueden empezar a verlo en sus compañeros.
Es la manera más sencilla —y más natural— de desarrollar empatía sin dar una sola charla teórica. Vale mas que 10 sermones.
No solo puede, es uno de los alumnos que más se beneficia. El miedo no se combate acercando al niño al perro a la fuerza, sino devolviéndole control, comprensión y previsibilidad.
Cuando entienden qué hace el perro y por qué, el miedo se convierte en cautela, y la cautela en respeto. En muchos casos, estos niños acaban siendo los más atentos y los que mejor aplican la prevención.
